Formado en La Esmeralda (Escuela Nacional de Pintura y Escultura del INBA) Héctor Cruz tuvo desde los primeros años de su carrera, iniciada en 1946, la inquietud de abrir su sensibilidad a las diversas posibilidades de las artes plásticas. Ha pintado murales, ha realizado esculturas, y en el caballete ha transitado desde el realismo característico de la Escuela Mexicana al expresionismo y el simbolismo, para entrar después intensamente al cultivo del paisaje.

Dentro de este género ha evolucionado desde la aprehensión naturalista hasta ciertas sutilezas poéticas propias de una intelección postimpresionista. La relación estética entre Héctor Cruz y Carlos Pellicer produjo un fenómeno de ida y vuelta tan infrecuente como fecundo. Para una exposición que el pintor presento en julio de 1971 en la Galería Misracchi, el poeta escribió una presentación breve pero intensamente admirativa. “En la mayor parte de estos cuadros-decía- la esencia del paisaje es lo que queda. Es la meditación sobre el paisaje; el pintor ha ojeado lentamente lo que vio. Una poesía lenta y profunda, hablando más hacia dentro que hacia afuera. La luz se inclina para crear nuevos colores. De pronto el relámpago llena el cuadro o el rojo puntea y quema. Miradas nuevas, nuevos colores ¿Que antiguo sentimiento se hace tan nuevo ahora? Pintura lujosa en el sueño. Raramente naturaliza, no es narrativo y cuando lo hace, la realidad habla claramente pero en voz baja. Héctor Cruz, un maestro nuevo del paisaje”.

El pintor sintió que la emoción, que la percepción de Carlos Pellicer, rebasaba cuanto él había logrado hasta 1971. Entonces decidió ir más allá; esencializar más, meditar más, mirar con más lentitud para ver más hacia adentro la naturaleza. Ocurrió que sus colores se limpiaron y se renovaron hasta volverse nuevos. Rojos, verdes, amarillos, morados y hasta los ocres y grises de etapas anteriores cobraron vida, comenzaron a transcurrir sobre las telas con luz, aire y ese ritmo de cuanto conoce el tiempo, las estaciones, ciclos de nacimiento y muerte.

Solo podrá ver la exposición de Héctor Cruz quién, como Carlos Pellicer, la ojee con sabiduría

RAQUEL TIBOL