Recorrido virtual 360º / Navega a trevés de los botones, puntero o moviendo tu dispositivo portátil.

Fullscreen

HECTOR CRUZ : UN NUEVO PAISAJE

Por Raquel Tibol / 1971

Héctor Cruz no figure entre los artistas que Jorge Hernández Campos seleccionó para la memorable exposición presentada en la Sala Verde del Palacio de Bellas Artes, en 1969 con el título bello y directo “el paisaje en la palabra y la pintura. Memorable sobre todo por aquella docena de tintas de Luis Nishizawa en las que el Valle de México transcurría en una caligrafía voluntariamente orientalista. Pero en ese mismo año  Héctor Cruz ganaba en el Salón de la Plástica Mexicana un premio adquisición con un paisaje engañosamente literal para quien lo observara con prejuicios vanguardistas. Los elementos más perecederos (las vibraciones fugaces de la luz sobre vegetales y rocas, el golpe del viento sobre la hierba, los vapores cuya densidad cambia según la temperatura, la inestabilidad de los términos a causa del movimiento sin fin) habían sido captados en un primer plano que hubiera podido calificarse de neoimpresionismo si su autor hubiera estado mas despegado de lo que puede considerarse, con abundantes créditos, la tradición del paisaje en México, desde los cronistas gráficos europeos, pasando por el sustento académico de Landesio, el ímpetu de panorámica grandeza de Velasco, la inquietud inquisitiva del Dr. Atl, el adelantado vigor creativo de  Clausel, la rotunda voluntad simbolista de Siqueiros. En este largo transcurso de casi dos siglos, el paisajismo mexicano particulariza el acto creador por resaltar, aun en las diversas maneras de realizarse los elementos predominantes en la naturaleza, no ateniéndose con pureza ortodoxa a una tendencia estética.

El 8 de julio Héctor Cruz presentó en la Galería de Arte Misrachi una muestra titulada “Una nueva visión del paisaje”. Con esta promoción el pintor celebra sus 25 años de haberse iniciado en el arte. Fue en 1946 cuando llegó de Chimalhuacan, su pueblo natal en el estado de México para ingresar en la Escuela de Pintura y Escultura de la SEP (La Esmeralda) donde hizo una carrera intensa, saturada porque le cupo ser de la generación que tuvo la oportunidad de formarse junto a los mas importantes maestros del arte mexicano de ese momento. Obtuvo becas, premiso y la cátedra de pintura que impartió durante muchos años. Mas para juzgar de hoyen adelante H.C. habrá que considerar el breve pero certerísimo párrafo que para presentar su actual conjunto de obras escribió Carlos Pellicer. Que ama y sabe como pocos sobre lo hecho en el paisajismo en México.”En la mayor parte de estos cuadros dice el poeta la esencia del paisaje es lo que queda. Es la meditación sobre el paisaje; el pintor ha ojeado lentamente lo que vió. Una poesía lenta y profunda, hablando más hacia adentro que hacia afuera. La luz se inclina para crear nuevos colores. De pronto el relámpago llena el cuadro o el rojo puntea y quema. Miradas nuevas, nuevos colores. ¿Que antiguo sentimiento se hace tan nuevo ahora? Pintura lujosa en el sueño. Raramente naturaliza, no es narrativo, y cuando lo hace, la realidad habla claramente pero en voz baja. Héctor Cruz, un maestro nuevo del paisaje.”

No hay literatura en estas frases de Pellicer. Lo que ha hecho es transcribir, con apretada emoción y medidas palabras, lo que ocurre en las telas de Héctor Cruz.

Con un sólido oficio adquirido tempranamente Héctor Cruz  cultivó durante quince años esa expresión un tanto limitada que se ha dado en llamar “escuela mexicana”. Después comprendió que el movimiento plástico mexicano contemporáneo no tenía horizontes rígidos ni fórmulas neoacadémicas.  Casi al mismo tiempo que Benito Messeguer y Mario Orozco Rivera, sus compañeros de generación, supera una esterilizante  actitud  repetitiva y se atreve a buscar. De la obviedad pasa al esquematismo, del remedo casi fotográfico a la composición significante, de una paleta heredada del  taller escolar a una coloración meditada y con arranques inventivos. Padece etapas de desconcierto en que se le ve aferrándose a soluciones de tal o cual. Artista dotado de fluidez la pierde temporalmente a medida que se desprende de la piel escolástica. Quien vea sus pinturas de hoy, y no conozca su trayectoria, no podrá suponer que la actual soltura en la solución de muy diversos temas paisajísticos es producto de una severa disciplina espiritual.

“Soy un poco terco, siempre he trabajado a base de temas. Con el paisaje quise lograr algo diferente de lo que se ha hecho. Hay que seleccionar el paisaje, buscarlo. No es necesario recurrir a las grandes lejanías, a los grandes espacios, a las visiones panorámicas a la Velasco, Atl, como Velasco, no se salió de esa línea. Con enfoques más personales, los paisajes de Atl siguieron siendo visiones aéreas del Valle de México. Yo me decidí por la sugestión porque me permite una gran libertad plástica. Hasta nuestros días la pintura del paisaje ha estado sujeta a una serie de normas, como son los términos, las proporciones. Yo me he tomado la libertad de olvidarme de las totalidades y bajar la vista a la tierra, a lo que pisamos. En esa pequeña porción de naturaleza encontré todos los valores del gran espacio: aire atmósfera. Lo que hice fue detenerme y bajar la mirada. Creo que mi libertad pictórica es fruto de la libertad que ha conquistado el arte de nuestro tiempo. Utilizo manchas, color, texturas y transparencias sin prejuicios. En cierto modo me he liberado.. Lo circundante que antes para mi era impositivo, ahora es pretexto, motivación. Ya no puedo quedarme en el objeto mismo, tengo el afán de trascender. Ya no puedo apegarme a una escena determinada o a una anécdota. Transfiero la naturaleza”.

Como Héctor Cruz  fue miembro del Frente de Pintores, Escultores y Grabadores Jóvenes  de México, de la Unión de Nuevos Muralistas y del Frente Nacional de Artes Plásticas, le pregunto a que grupo pertenece actualmente. “Trabajo solo completamente solo porque no encuentro afinidades. Aquella etapa de coincidencias ha concluido para mi y para muchos otros. Pero esta individualización no significa aislamiento, no podría ser así en un momento francamente maravilloso para el arte, por la cantidad de corrientes que se confrontan. Esa diversidad ha abierto para mi un campo inmenso de posibilidades expresivas”.

_ ¿Y por que el paisaje?

_ Porque tengo una idea que deseo lograr plenamente y soy muy terco. Sé muy bien que el paisaje es un género marginado, inclusive en las escuelas ya no se dan clases de paisaje 6y se habla de él peyorativamente. Pero a mi me permite jugar con el color, con la materia, con todos los efectos plásticos. He considerado el paisaje como un estado de ánimo. No está visto a través de ninguna ventana, ni física ni mental. El paisaje mexicano tiene una singular violencia en sus claroscuros. Le he dado prioridad a los efectos de luz. Cada uno de mis cuadros tiene su propio foco de luz. Pero no tiene límite, no tiene división, no empiezan ni terminan, cielo y tierra se funden. Juego con el espacio, lo traigo y lo llevo. No rengo los problemas formales de Atl, a quien lo que más le preocupaba era la perspectiva. Yo tengo otro sentido de lo aéreo. Para mi los toques de color son referencias. Quiero fijar la inestabilidad de lo que cambia a cada instante. La atmósfera, el aire, el espacio, la luz que dejan de ser. Por eso no quiero descubrir sino sugerir”.

Solo podrá ver la exposición de Héctor Cruz quien, como Carlos Pellicer, la ojee con sabiduría.

Plaza San Jacinto Nº 15, San Ángel, Ala. Álvaro Obregón, Ciudad de México
56162711 / 55509286 www.museocasadelrisco.org.mx
Instrucciones de Google Maps